LA DEPRESIÓN EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

 

Hoy en día, la mayoría de las personas aceptan que la depresión es una enfermedad real, no algo “que los enfermos se inventan para llamar la atención”. También se empieza a conocer la depresión en adolescentes, sin embargo, muy poca gente ha oído que la depresión también puede darse en niños y niñas desde muy corta edad.

 

Aproximadamente 5 de cada 100 niños/as y adolescentes padecen depresión en algún momento de su vida. Y hay un dato aún más preocupante ya que la depresión y el suicidio mantienen una estrecha (pero no obligatoria) relación, y es que en algunos países con Estados Unidos o Francia, el suicidio ha llegado a ser la tercera causa de muerte entre chicos y chicas de 10 a 24 años.

 

Además del poco conocimiento que existe sobre el tema, nos encontramos con una segunda dificultad para que los padres o profesores o incluso amigos se den cuenta de que esa persona está pasando por una depresión, y es que, la depresión en la infancia y la adolescencia no se manifiesta igual que en las personas adultas.

 

Los síntomas pueden ser (y bastaría con que se diesen un par de ellos pero de modo persistente para tener sospecha de la ocurrencia de un episodio depresivo):

 

  • Tristeza persistente, lloriqueo y llanto profuso.
  • Desesperanza.
  • Pérdida de interés en sus actividades favoritas; o imposibilidad para disfrutar de las actividades que antes disfrutaba.
  • Aburrimiento persistente y falta de energía.
  • Aislamiento social y/o pobre comunicación.
  • Baja autoestima y fuerte culpabilidad.
  • Sensibilidad extrema hacia el rechazo y el fracaso.
  • Aumento en la dificultad de relacionarse, coraje u hostilidad.
  • Dificultad en sus relaciones.
  • Quejas frecuentes de enfermedades físicas, tales como dolor de cabeza o estómago.
  • Ausencias frecuentes de la escuela y deterioro en los estudios.
  • Pobre concentración.
  • Cambios notables en los patrones de comer y de dormir.
  • Pensamientos o expresiones suicidas o comportamiento autodestructivo (drogas o  alcohol).
  • Hablar o tratar de escaparse de casa.

 

Otro problema añadido es que estos niños y adolescentes no siempre parecen estar tristes, aunque algunas veces lo admiten si se les pregunta directamente. Además, los cambios rápidos de humor son propios de algunos períodos de la adolescencia, por lo que diferenciar entre lo que es normal y lo que es patológico se convierte en una dura tarea. Algunos padres creen que lo único que buscan es llamar la atención y eso dificulta aún más su relación con sus hijos/as. 

 

Además, este tipo de depresión tampoco es constante sino que pueden darse pequeños periodos de alta infelicidad, combinados con periodos de normalidad emocional (o por lo menos con periodos sin síntomas patológicos), así pues, lo que un día parece no tener solución, puede haberse olvidado la semana que viene. Otro detalle a tener en cuenta es que, sobre todo en el inicio de la adolescencia, se sienten muy inseguros, y esta misma inseguridad les hace ser muy susceptibles a las influencias que ejercen sobre ellos el entorno, adaptándose a ellas. Por eso, pueden comportarse de modo completamente distinto en su casa que con sus amigos, en el instituto...


Como conclusiones cabría destacar que:

 

  • Este es un periodo en el que es muy difícil distinguir la patología de la realidad debido a la delgada línea que separa los síntomas patológicos de los normales.
  • Se produce un estado de alta inestabilidad emocional que puede no ser
  • constante y darse en períodos de tiempo determinados.
  • Los síntomas pueden darse en un determinado contexto social y no en otros.
  • Los factores predisponentes pueden ser haber perdido a alguno de los padres, tener problemas académicos,  tener problemas de adaptación o comunicación (con los padres o compañeros), haber sido objeto de abuso sexual, el abuso de sustancias tóxicas, sufrir o haber sufrido exposición a violencia familiar, etc.
  • Si en este periodo se produce una depresión y es tratada adecuadamente no tienen porqué producirse mayores consecuencias en un futuro.

 

CenPsiSa

Mª Isabel García Medina

Psicóloga Colegiada Nº: M-11045

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