LA FOBIA AL “DAÑO FÍSICO”

 

Una de las fobias específicas más comunes es el miedo exagerado a la visión de la sangre, a los procedimientos quirúrgicos, a las enfermedades graves, a las deformidades físicas, a los médicos, a las inyecciones, etc. Es decir, a todo aquello que pueda suponer un daño físico o una visión de partes o sustancias internas del cuerpo pero fuera de éste. 

 

El problema de este tipo de fobias no es su frecuencia, sino la respuesta que se da en las personas que las sufren. Es conocido por todo el mundo que cuando algo nos da miedo la primera reacción del cuerpo es evitar ese objeto o situación (hacer que desaparezca para poder volver a sentirnos tranquilos) o prepararnos para luchar  con él. Así pues, se produce una reacción corporal dirigida a la huida y notamos síntomas tales como taquicardia, sudoración, tensión arterial y tensión muscular elevadas.

 

Sin embargo, en las fobias del tipo “daño físico” se produce una reacción diferente ya que se dan dos fases:

 

La primera: la misma reacción que en cualquier otra fobia, con la diferencia de que puede ser de menor intensidad, y sobre todo, durar muy poco tiempo, segundos o minutos si el estímulo que provocó la ansiedad sigue estando presente.

 

La segunda reacción: la persona comienza a sufrir sensación de mareo o desmayo y puede llegar a un desvanecimiento o incluso a perder el conocimiento, el ritmo cardiaco se enlentece, la presión arterial baja, aparece palidez, sudor frío, nauseas... es decir, justo lo contrario a lo que ocurrió al inicio. 

 

Otra característica de los fóbicos a la sangre y las heridas es que estas pueden no provocarle ansiedad sino sólo nauseas y desvanecimiento, incluso pueden no necesitar que el estímulo fóbico esté presente sino que ante la mera mención de él aparezcan todos los síntomas. Lo que sí puede aparecer es un miedo al desmayo en sí.

 

Tienen también una marcada historia familiar, es decir, que parece que ese tipo de respuesta puede venir determinada genéticamente. 

 

Debido a todo esto, el tratamiento no puede ser el mismo que en el resto de fobias, es decir no puede basarse en la exposición tal cual al estímulo fóbico puesto que si la persona se desmaya la exposición deja de producirse. La gente suele intentar relajarse antes de ponerse una inyección, de donar sangre... y si lo consiguen verán que no suele ser efectivo ¿por qué?- Porque la respuesta de relajación lo único que hace es adelantar e incluso empeorar la respuesta de desvanecimiento al disminuir el ritmo cardiaco, disminuir la tensión corporal, etc. 

 

Hay estudios que confirman que para que la exposición al estímulo fóbico sea efectiva en este tipo de fobias, la persona debe intentar provocarse sentimientos de ira o enfado justo antes de enfrentarse con el estímulo e ir haciendo la exposición poco a poco. Que la persona pueda tumbarse también puede resultar muy efectivo, aunque es menos fácil de llevar a cabo en determinadas situaciones.  Otra técnica incompatible con el desmayo es que la persona que sufre la fobia contraiga rápida y frecuentemente la musculatura, lo que incrementa la tasa cardíaca y la presión sanguínea.

 

Vuelvo a repetir que la exposición al objeto temido es indispensable para que se produzca la habituación, la única diferencia es que ésta debe hacerse después de haber inducido una respuesta incompatible con el desvanecimiento.

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Mª Isabel García Medina

Psicóloga Colegiada Nº:M-11045               

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