FOBIAS INFANTILES  

 

Como todos sabemos, los niños también sufren miedos de distinto tipo, según los momentos evolutivos que atraviesan. 

 

El miedo es una reacción buena y adaptativa en algunas situaciones si ocurre dentro de ciertos límites. Por ejemplo, es bueno que un bebé tema separarse de sus padres ya que ellos son los que le proporcionan seguridad, alimento, etc. A través del tiempo, los miedos evolucionan de situaciones físicas (animales, ruidos, extraños, personas disfrazadas...) a situaciones más sociales (exámenes, aspecto físico, parecer ridículo...).


¿Por qué se produce un miedo en la infancia?

 

Aunque, por supuesto, hay una gran variabilidad individual, parece que en primer lugar existe una predeterminación biológica a sufrir ciertos miedos en determinados momentos, por ejemplo, entre los 0-2 años es frecuente el miedo a la oscuridad, a los animales, a las heridas... Estos van desapareciendo poco a poco según el niño va creciendo y se va enfrentando con la situación temida de una manera ajustada a su capacidad. A pesar de ello,  algunos se mantienen aunque también aparecen otros distintos, por ejemplo, a los 3-5 años puede mantenerse el miedo a la oscuridad o a los ruidos fuertes pero desaparecer el miedo a los extraños y aparecer el del daño físico, por ejemplo.

 

En otras ocasiones, y como ocurre en un adulto, el miedo puede ser debido a una experiencia muy desagradable que el niño haya tenido en un momento dado, por ejemplo, si a los dos años se le metió en la piscina y tragó mucha agua, aunque en principio no le diese miedo, puede establecer la relación piscina-situación desagradable y no querer volverse a acercar a una, generalmente llorando e incluso con pesadillas, o generalizando (ej. No queriendo bañarse en una bañera grande).

 

La tercera vía de aprendizaje para los miedos puede ser la observación del adulto en esa situación. Así muchos padres informan de que sus hijos y ellos tienen las mismas fobias, sin darse cuenta de que el niño percibe los más pequeños cambios en la cara y el cuerpo de  los padres cuando se encuentran en esa situación y, si el padre no se siente seguro, ¿cómo puede sentirse seguro el hijo?.

 

Además de todo ello, un niño en un mal estado físico o psicológico puede estar más predispuesto a adquirir un miedo exagerado a algo. Y tampoco hay que olvidar lo que  pueden ver en televisión, una historia que se les cuente, un sueño que hayan tenido..., ni que algunos miedos “ofrecen ventajas adicionales”, por ejemplo, tener miedo a la oscuridad supone “que pueda dormir con mis padres en su cama” o tener miedo a ir al colegio puede suponer que los padres estén en casa con el niño todo el día y que los compañeros vengan diariamente a traerle lo que han dado en clase... Aunque, por supuesto,  de esto no puede deducirse que los niños decidan conscientemente tener miedo (o fingirlo) a la oscuridad para dormir con los padres, o que no lo pasen mal, sino que es una dificultad añadida a la hora de eliminar dicha fobia.


Eliminación de los miedos

 

En muchas ocasiones, cuando el niño padezca un miedo  dentro del periodo evolutivo normal, lo más adecuado es ir apoyando al niño suave pero firmemente para que se vaya enfrentando poco a poco a la situación temida. No se les debe gritar, ni avergonzar por lo que están pasando sino intentar que se sientan comprendidos pero provocando a su vez los enfrentamientos con esa situación y, sobre todo, apoyándoles y reforzándoles los esfuerzos por superarla, más que los resultados en sí, ya que con una buena motivación y un buen esfuerzo, éstos aparecerán poco a poco. La excesiva protección que hacen algunos padres "para que el niño no sufra"  llevará a la situación contraria ya que el niño no aprenderá estrategias de superación de los miedos y se volverá más y más miedoso ya que no superará los de una edad e irá adquiriendo los de la etapa siguiente. 

 

Sólo cuando el miedo esté provocando una situación de verdadero sufrimiento para el niño (por ejemplo, miedo a los animales en un niño que viva rodeado de ellos) o cuando esa situación dure demasiado tiempo, es decir, que ese miedo ya no sea normal para su edad, se debe acudir a un profesional de la psicología que valore y aconseje el tratamiento más adecuado para ese niño concreto con sus circunstancias también concretas.



CenPsiSa
Mª Isabel García Medina

Psicóloga Colegiada Nº: M-11.045

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