TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADA (TAG)

 

La característica principal del Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es una preocupación excesiva por situaciones que suelen referirse a circunstancias de la vida diaria tales como faenas domésticas, economía familiar, llegar tarde a un sitio o a una cita, etc. (estas preocupaciones suelen estar presente en todas las personas sin TAG, pero no tan exageradas).

 

La preocupación principal puede desaparecer, pero entonces aparece otra de igual intensidad. Todo esto viene acompañado por una fuerte ansiedad. Esta preocupación se presenta como una cadena de pensamientos e imágenes junto con sentimientos negativos y que se hace difícil controlar. La persona que las sufre siente que si ocurre eso que le preocupa no podrá controlarlo. Sin embargo, no puede alcanzar una solución, tomar una decisión o llevar a cabo una actuación decisiva y vivir así con una relativa tranquilidad. 

 

Hay tres tipos de preocupaciones:

 

  • Problemas inmediatos basados en situaciones reales que pueden ser modificados, p. ej. forma de vestirse, cómo relacionarse, discusiones, etc.
  • Problemas inmediatos basados en la realidad y que no pueden ser modificados, p. ej. accidentes de un ser querido, violencia en el mundo, etc.
  • Problemas muy improbables que no se basan en la realidad y que, por lo tanto, no pueden ser modificados, p. ej. posibilidad de arruinarse cuando no hay dificultades económicas, preocupación por caer enfermo cuando no existen problemas de salud, etc.

 

Los síntomas físicos de la ansiedad suelen ser: inquietud, tensión, irritabilidad, dificultades de concentración, trastornos del sueño, fatiga, temblores, sudoración, dificultad para tragar, boca seca, etc.

 

Esta preocupación, la ansiedad o los síntomas físicos, producen un malestar muy importante o un deterioro social o laboral también importante.

 

La mayor parte de los sujetos que padecen TAG comienzan en la infancia y adolescencia a padecerlo, aunque también hay quien empieza después de los 20 años.Alrededor del 65% de las personas que sufren TAG son mujeres, pero en cuanto a % de la población general, parece que puede oscilar entre el 2% y el       5´5%.

 

La mayor parte de las personas que sufren TAG suelen tener otros problemas asociados tales como depresión, agorafobia, fobia social, trastornos de pánico, obsesiones y compulsiones, dependencia de alcohol u otras sustancias, etc.

 

Cuando las personas que sufren TG se preocupan, utilizan dos modos de afrontamiento: Vigilancia o “estar constantemente alerta” (que disminuye la incertidumbre pero aumenta la activación emocional) y la Evitación (que tiene el efecto contrario). Las personas usan uno u otro cuando aparece la “amenaza”. Así pues, los resultados son un empleo inadecuado de la solución de problemas, una excesiva preocupación que le impide pensar en otras cosas y el mantenimiento de la preocupación.

 

Las personas que sufren TAG creen que las preocupaciones son útiles, porque:

 

  • Creen que preocuparse disminuye la probabilidad de que ocurra lo que temen, al igual que una superstición.
  • Creen que preocuparse les ayuda a descubrir medios de evitar lo que temen.
  • Preocuparse de ello les ayuda a no preocuparse de otras cosas que pueden provocar un mayor daño emocional, como traumas pasados...
  • Creen que preocuparse por algo negativo les ayuda a prepararse por si realmente ocurriera.
  • Pueden incluso usarlo como motivación, es decir, preocuparse les ayuda a hacer lo que tienen que hacer.

 

También pueden darse conductas para reducir o prevenir la ansiedad tales como no leer periódicos, llamar al marido al trabajo para ver si está bien, no acostarse hasta que llegan los hijos de su salida un sábado por la noche, no gastar dinero, etc.

 

El tratamiento del TAG se basa en la reducción de la tensión que lo acompaña por medio de diferentes técnicas de relajación y control emocional; junto con el enfrentamiento a las preocupaciones excesivas e incontrolables a través del conocimiento de los errores que se producen en el desarrollo de esa preocupación, la exposición misma a la preocupación (es decir, enfrentar realmente o en imaginación la persona a lo que teme y ver cuales podrían ser las consecuencias reales, cómo lo afronta...).

 

Debe recordarse que el hecho de pensar que se tiene que enfrentar genera más ansiedad incluso que el propio enfrentamiento. Así pues, debe prevenirse también la evitación controlada y pautada de lo temido para que la exposición sea completa. 

 

Otros puntos a aprender son: una buena  organización y planificación de su tiempo,  y unas técnicas de solución de problemas para que puedan ir resolviendo los que le vayan surgiendo.

 

Por último, comentar que a pesar de lo sencillo que podría parecer  la solución del problema (sobre todo a los familiares y amigos de la persona que padece un TAG): “no darle tanta importancia, que no es para tanto”, “son tonterías, sólo hay que dejar de pensarlas”, etc., suele ser un trastorno un tanto complejo de tratar debido a su propia etiología, es decir a la cierta probabilidad de que esos sucesos que tanto teme lleguen a ocurrir (aunque la probabilidad de que eso ocurra es muchísimo menor de lo que ellos creen).

 

CenPsiSa

Mª Isabel García Medina 

Psicóloga Colegiada Nº: M-11045

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