Trastornos Disociativos

      Según el DSM-V  los trastornos disociativos se caracterizan por una interrupción y/o discontinuidad en la integración normal de la conciencia, la memoria, la identidad propia y la subjetiva, la emoción, la percepción, la identidad corporal, el control motor y el comportamiento.

 

     El concepto de disociación es muy amplio, por eso con este artículo, queremos hacer un acercamiento general a este trastorno, que puede abarcar desde una desconexión puntual con la realidad hasta la aparición de dos o más estados de la personalidad.

 

     Seguramente a todos nos ha pasado estar en el autobús y no darnos cuenta de que el tiempo ha pasado, esto en sí puede ser disociación en su estado más leve(incluso adaptativo en sí mismo) ; pero no lo es tanto si nos pasan cosas como mirarnos al espejo y no reconocernos, hacerse autolesiones y no recordar ese momento, escuchar voces que nos dicen cosas que debemos hacer o decir,  o encontrar cosas entre nuestras pertenencias y no recordar haberlas comprado. Éstos son algunos de los síntomas que pueden indicarnos que estamos ante un trastorno disociativo, aunque habrá que hacer una buena exploración.

 

    Los traumas suelen ser la causa de la aparición de este trastorno en muchas personas. El trauma quiere decir “herida” en griego, y ya empieza a estudiarse a raíz de las secuelas de las grandes guerras.

 

    Una de las principales características del trauma son los flashbacks, es decir, experiencias de estar reviviendo el suceso con el mismo malestar que tuvimos en el momento de vivirlo. Cuando esto ocurre es uno de estos estados de la personalidad, lo que llamamos Parte Emocional (PE),  que se quedó congelada en el trauma, el que está reviviendo estos recuerdos y nos hace conscientes de ellos y del malestar asociado.

 

    Sin embargo, no es necesario haber vivido éste tipo de trauma (T), en el que sientes que tu vida o la de otra persona corre peligro, para desarrollar disociación; ésta también puede aparecer como consecuencia de traumas (t) que tienen su origen en la infancia y en el tipo de apego que hemos tenido con nuestros cuidadores principales.

 

   Podemos tener PE nuestras infantiles que pueden haberse quedado también “congeladas”  y son las que nos hacen desarrollar sentimientos de falta de valía propia o seguridad durante el resto de nuestra vida, con pensamientos del tipo “no valgo”, “no merezco ser querido”, “tendría que haber hecho algo”, “soy débil” o “no estoy bien como soy”, entre muchos otros.

 

   Es necesario atender a éstas PE para poder trabajar la disociación, entender cuándo y cómo se formaron para poder hacer que formen parte de nuestro funcionamiento normal, es decir, “desbloquear” éstas partes, para ayudar al cerebro a tener una integración normal de la conciencia.

 

   Para poder realizar este tipo de trabajo, es necesario un terapeuta experimentado que pueda acompañarte en este proceso de una forma eficaz y cercana.

 

Esther Blanco Antón

Col num. M-27.602

Clínico EMDR

 

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