Traumas ocultos en los Trastornos de la Conducta Alimentaria

Cuando nos encontramos con un caso de Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) en consulta, son muchas las preguntas que nos debemos hacer. Algunas de ellas tienen que ver con  explorar como está esa conducta en la actualidad y de qué forma limita al paciente en su vida. También debemos preguntar acerca de la historia del problema, cómo son las horas de las comidas en su casa, qué pasa dentro de ellas en esos momentos, su historia familiar, etc

 

Otro de los aspectos importantes que debemos evaluar es qué hay debajo del trastorno. Son numerosos los casos en los que vemos que hay una clara relación entre los TCA y los trastornos de apego. Muchas de estas personas tienen dañada su base segura, no han tenido accesible una figura de seguridad en el momento en que lo necesitaron, aunque no lo recuerden o tengan conciencia de ello. Éstos  son los llamados traumas ocultos (Schuder y Lyons-Ruth, 2004) que se refieren a la incapacidad del cuidador para modular la desregulación emocional.

 

Este tipo de traumas en la infancia les hace aprender unas estrategias de vinculación con otras personas, que reproducen el resto de su vida y que probablemente  no son las más adecuadas, ya que pueden generarle unas creencias sobre sí mismas de miedo al rechazo o de ser distintas al resto que les generen un malestar muy fuerte a nivel emocional y, a falta de otras estrategias, sea a través de la comida la manera (disfuncional) en que han aprendido a regularlo.

 

Algunas de las estrategias que podemos usar con la terapia EMDR es ver cuáles son los disparadores actuales de las conductas y ver qué relación pueden tener con la historia de apego del paciente. Por ejemplo, si la persona se da un atracón o vomita cada vez que tiene una pelea con su pareja, habría que explorar cuáles son las creencias que tiene sobre sí mismas en esos momentos y ver dónde las aprendió. En este caso, si la creencia fuese “no merezco ser querida”, ver donde aprendió eso y, de esta manera, podremos ir al foco del problema.

 

Por lo tanto, los TCA no siempre tienen que ver con el rechazo físico directamente, sino también con creencias desarrolladas que pueden tener que ver con el autoconcepto o la autoestima, tales como “no estoy bien como soy” o “no me gusto”, y ya sabemos que esto se desarrolla en la infancia. Si tenemos esto en cuenta, trabajaremos directamente sobre el origen del problema y no solo sobre las conductas presentes que son como “la punta del iceberg”, es decir, lo que se deja ver del problema.

 

                Por supuesto, sus estrategias de vinculación con el resto, las utilizarán también con nosotros, por lo que es importante tener esto en cuenta para construir una buena relación terapéutica con estos pacientes y que eso no sea un problema añadido a la terapia.

 

Esther Blanco Antón

Col num. M-27.602

Clínico EMDR

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